¿Quién eres mujer?

En la actualidad, la cosificación de la mujer y mal concepto del empoderamiento femenino crea un entorno confuso donde la mujer puede ejercer su carrera y aportar a la sociedad. Muchas mujeres no tenemos un “Plan de Vida” no concientizamos lo que nos motiva en cada aspecto de nuestras vidas, no tenemos objetivos claros ni definidos, no sabemos qué acciones emprender y menos hacia donde nos dirigimos. Sin embargo, tenemos la capacidad de ver más allá de los problemas que se nos presentan a diario. Alentémonos en conjunto a soñar y comprender que los sueños se pueden hacer realidad, siempre que decidamos salir de nuestra zona de confort.

La mujer debe aprender a aceptarse tal como es. Y dejarse amar así. 

La única forma que otro te conozca es conociéndote a ti mismo, enfrentando tus propios temores y debilidades, todas tenemos una historia que contar, ¿estás segura de conocerte?

La mujer es una promesa de Dios a la humanidad, una gran promesa. Ella es la imagen de su entrega y amor infinito. De ese amor que se da de manera sobreabundante. Conocemos el dolor, la soledad, y la impotencia, pero luchamos con coraje hasta el fin de nuestros días. ¿Qué nos impulsa? Yo creo que la audacia. Como mujeres estamos llamadas a honrar la vida, a resguardar la paz, reencontrarnos con nuestro ser. Lo más sagrado es nuestra esencia. 

Vivimos en una era de cambios decisivos y transcendentales. Alza la voz desde tu ser, desde el alma. Reclama claridad y verdad. Las mujeres debemos aprender a defendernos. ¿De quién? Nuestra lucha inicial debe ser con nosotras mismas, aprender a reconocernos y a valorar lo que somos. Potenciar nuestras virtudes, sentirte satisfecha contigo mismo. Salgamos en búsqueda de ese 

Soy una mujer católica por eso para mi, el ideal de Mujer, de la grandeza y dignidad femenina que resplandece es la Santísima Virgen María. 


“La mujer lucha por conquistar una posición equivalente a la del hombre en la vida pública, y confunde fácilmente equivalencia con igualdad. Aquí tenemos que admitir también la hombría exagerada a veces, quizás también a menudo, ha conducido a una orgullosa tiranía, rígida, en desventaja de la magnanimidad, de la servicialidad, en desmedro de la vigorosa servicialidad”

Padre José Kentenich

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